¿Que hacer cuando Dios “interrumpe” tus sueños?


Todos tenemos sueños y metas en la vida. Muchos planean meticulosamente cada paso que deben dar para lograr cumplirlos. Es como que diseñan un mapa para llegar a sus sueños. Otros, tienen un Plan A y ningún Plan B. ¿Pero que pasa cuando nos damos cuenta que nuestro plan “ideal” no es el destino final y debemos ajustarnos a un propósito que está en las manos de Dios? Es muy fácil para aquellos que creen en Dios decir “Señor que se haga tu voluntad y no la mía”. Sin embargo, a la hora de ponerlo en práctica muchos de nosotros fracasamos, ya que en esta generación es natural vivir enfocados en planear nuestro futuro y sentir que tenemos el control de nuestro entorno. Sentimos dolor y decepción cuando las cosas que anhelamos no suceden como queremos. Entonces, ¿será que en realidad estamos listos para aceptar y confiar en la voluntad de Dios?

Caminar confiando de que Dios tiene todo bajo su control no es el camino más fácil, pero debemos entender que su plan es perfecto y su misión es que nuestras vidas le traigan gloria y que el mundo le conozca como su salvador. Entonces esa debe ser también nuestra misión de vida. Como ministerio, al pasar de los años, hemos tenido diseñado nuestro mapa de sueños. En nuestro "plan perfecto”, hace unos años atrás, no estaba planeado vivir todo lo que hemos vivido. En muchas ocaciones esos planes nunca sucedieron, cambiaron de ruta o tomaron una pausa hasta que Dios nuevamente diera la pauta de que deberíamos continuar. Experimentar esos cambios o pausas en nuestro ministerio no siempre fue fácil. A veces sentimos como si el tiempo se nos pasara y nunca llegaba el momento exacto que esperábamos. Sentimos también la culpa y frustración al no seguir los mismos pasos de otros ministerios; y otras veces quisimos intentar hacer realidad nuestros anhelos cuando Dios no nos lo había indicado. Es fácil decir “Señor que se haga tu voluntad” pero es solo para valientes caminar en esa palabra.

¿Entonces qué debemos hacer?

Lo primero es siempre estar conectados con Dios y traer nuestros anhelos delante de El. Conversa con Dios, cuéntale tus metas, ideas, decepciones, frustraciones y temores. Después pon tu confianza en sus manos. Esto no quiere decir que te vas a sentar sin hacer nada esperando que tus panes ocurran mágicamente. En cambio, toma este tiempo como una temporada donde debes, en fé, continuar sirviendo a Dios en tu iglesia local, prepararte, estudiar, y trabajar. También busca el consejo de tus líderes espirituales, amigos más cercanos y padres y/o familiares. Es bueno tener consejos sabios para que puedas tener claridad en tu situación. Pero no olvides continuar tu búsqueda de Dios para que su palabra sea lo que te guíe en combinación con esos consejos. Recuerda que la paciencia es clave en esto. A veces con nuestros ojos humanos pensamos en ver y encajar perfectamente la pieza del rompecabezas en diferentes situaciones de nuestras vidas, pero debemos entender que tenemos a un Dios que puede ver de un mejor ángulo el panorama completo de nuestro futuro. Antes de dar cualquier paso recuerda buscar la dirección de Dios y ora por discernimiento. Luego, toma tu decisión con fé de que Dios te ayudará. No siempre todo será blanco y negro y necesitarás tomar decisiones en fé basado en lo que has sentido que Dios te habla. Si caminas confiando en el Señor, El té ayudará y hará que todo trabaje para tu bien. La clave es que tus planes y deseos siempre estén enfocados en hacer lo que sea agradable a El.

Si sientes que no llega el momento o tu sueño no se cumple, no pierdas la esperanza. Dedica tu vida a Dios. Sírvele con entrega. El será tu pasión y mientras le sirvas con devoción El te mostrara el propósito que El tiene para tu vida.

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